Personajes de Madrid

Guillermo Morphy: el gran musicólogo olvidado del siglo XIX… y secretario de Alfonso XII

“Comprendí que debía sacrificar mis sueños y aspiraciones de artista al cumplimiento de un deber impuesto por la gratitud y el patriotismo”(1)

Las palabras que dan forma a esta reflexión son capaces por sí solas de revelarnos el profundo sentimiento de lealtad y de responsabilidad del hombre que las pronunció: Guillermo de Morphy y Ferriz de Guzmán, musicólogo, compositor, amante de las artes, la Historia y la Literatura. Ese hombre, ese artista, que se escondía tras el título nobiliario de conde y tras el imponente cargo de secretario personal del Rey Alfonso XII.

Nacido en Madrid el 29 de Febrero de 1836, hijo de un abogado de origen irlandés que obtuvo cierta fama y fortuna en la España isabelina y de una azafata precisamente de la Reina Isabel II, desde muy joven sintió en la música su vocación verdadera, pero como en un reflejo de su vida posterior, en su infancia y adolescencia se vio obligado a compaginar como pudo devoción y obligación puesto que su progenitor le presionó para seguir sus pasos estudiando la carrera de leyes a la vez que recibía clases en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación de Madrid.

En 1858 muere su padre y él con 22 años debe decidir si consagrar su vida a las leyes o la música. No duda en dejarse llevar por su vocación aún sabiendo lo azaroso de la profesión elegida y comienza a viajar por Europa visitando varios países y escuelas musicales hasta que finalmente recala en Bruselas donde permanecerá alrededor de 10 meses siendo uno de los alumnos más aventajados del célebre maestro Felis. Allí compuso una cantata dedicada al Duque de Brabante que se ejecutó en la Sala Ducal por mediación de su maestro lo cual le reportó cierto éxito. Este pequeño triunfo llevó consigo la oferta de un editor para que pusiera música a un libreto ya existente de una ópera, pero nada de eso se llevó a cabo debido a que desde Madrid su madre le envió un telegrama anunciándole que por mediación suya había sido nombrado gentilhombre del pequeño Príncipe de Asturias, teniendo que volver urgentemente a España  para ponerse inmediatamente a disposición de la Casa Real. Por vez primera Morphy abandonó su vocación y renunció a una prometedora carrera artística por servir a su país educando y guiando al futuro Rey Alfonso XII, Fue esta una renuncia que como veremos tuvo que repetir varias veces en su vida.

Guillermo de Morphy
Guillermo de Morphy. Fotografía de M. Huerta. Madrid

Desde el primer momento aplicó a la educación de su joven pupilo la experiencia y conocimientos obtenidos durante sus viajes. Por el pequeño Alfonso, Morphy sentiría desde el primer momento un cariño paternal, una afinidad en lo personal que les uniría de por vida. Por su parte el futuro rey reconoció ya entonces en Morphy un hombre con un alma leal a toda prueba, alguien en quien confiar ciegamente. Don Guillermo no desatendía ni un momento a su joven alumno y aún así ni quiso ni pudo abandonar del todo la música. Encontraba cualquier rato libre, cualquier resquicio de su ocupadísima agenda para componer, estudiar e investigar, y siendo gentilhombre del Príncipe comenzó a estudiar la música española antigua, dedicándose especialmente a la investigación de una instrumento tan en desuso ya entones como la vihuela renacentista.

Con la revolución de Septiembre de 1868 la Familia Real es expulsada de España y Morphy se trasladó a Francia sintiéndose exiliado junto a ellos. Instalándose con su anciana madre en París continuó con su carrera musical desligándose temporalmente de la educación de Alfonso, ya que en la capital francesa el Príncipe acudiría un colegio junto con otros muchachos de su edad prescindiendo así de preceptor y gentilhombre, y siendo el primer Príncipe español en recibir una educación regulada y no la típica exclusiva e individualizada que tradicionalmente recibían los herederos en los palacios. Lo que en un principio parecía una desgracia fue una suerte para el futuro Alfonso XII ya que esa educación en el extranjero conociendo diversos países y sistemas de gobierno le ayudó mucho a convertirse en el hombre que fue con el paso de los años.

Morphy por lo tanto en París, “liberado” de sus obligaciones cortesanas, pudo dedicarse a su gran vocación: la música. Allí se relacionó con eminencias líricas como Gaunoud, David o Gevaert, director de la Gran Ópera. Precisamente éste último se interesó por los estudios sobre la vihuela alentando y apoyando a don Guillermo facilitándole su tarea de profundizar en el tema poniendo a su disposición su amplia biblioteca de arqueología musical. Bajo tantos auspicios desarrolló fácilmente su actividad e incluso llegó a organizar conciertos de música española en París asistiendo a alguno de ellos la propia Reina Isabel.

También entabló amistad con un escritor, Theophile Gautier y juntos iniciaron un bonito proyecto. Inspirándose en el famoso cuadro de Fortuny “La Vicaría” que por entonces se acababa de presentar con muchísimo éxito escribieron entre ambos una obra llamada “Un mariage à Seville”. Morphy se encargó de la música, Gautier de la letra y contaron además con la colaboración de propio Fortuny, amigo del músico español, que diseñó vestuarios y figurines. Era una obra que estaba destinada a ser estrenada en la Gran Ópera de París, pero corría el año 1870 y los acontecimientos de la guerra franco prusiana que estalló en ese preciso momento frustraron los planes previstos. Morphy junto con su madre y tantas otras personas intentaron huir de París precipitadamente viéndose obligados a dormir cuatro noches en la estación de trenes esperando obtener plaza en algún ferrocarril que les sacara de la ciudad. Se refugiaron en un chateau de Narbona propiedad de un pariente suyo y allí permanecieron varios meses, durante los cuales Guillermo continuó dedicado a su pasión llegando a componer en ese tiempo una ópera.

Gautier
Theophile Gautier

Cuando se firmó la paz pudo por fin regresar a la capital francesa y a su regreso encontró gravemente enfermo a su amigo y colaborador Gautier a quien cuidó y de quien se ocupó durante los meses que estuvo convaleciente, hasta que falleció poco tiempo después. Durante la enfermedad del escritor, se volvió a la idea del estreno de “Un mariage à Seville”, pero tampoco se pudo llevar a cabo en esa ocasión ya que en ese momento los acontecimientos vuelven a dar un brusco giro para don Guillermo. La Reina Isabel le propone tutelar de nuevo al Príncipe Alfonso, esta vez acompañándole al Colegio Teresiano de Viena donde el joven ingresaría en breve a continuar sus estudios académicos.

A las veinticuatro horas de recibir la noticia, Morphy deja todos sus asuntos de nuevo para acompañar al Príncipe, en este caso a Viena, obteniendo de la Reina Isabel la promesa de que velaría por que a su anciana madre nada le faltara. La principal misión de Guilermo Morphy en Viena durante los más de dos años que duró su estancia allí fue la de acompañar al Príncipe en sus ratos de ocio, excursiones y viajes (como el realizado en la Semana Santa de 1874 a Venecia, que colmó de felicidad a Alfonso), pero también se encargó de inculcarle el amor a las artes, instruirle en Historia y Literatura española (ya que en el Teresiano no se aprendía nada de esta disciplina) y procurarle con su diplomacia y buen hacer, contactos y relaciones con gente importante de la Viena del momento, lo que le abrió las puertas incluso del Palacio Imperial donde el Emperador Francisco José recibiría a don Alfonso como Príncipe de Asturias en el exilio. Consiguió a través de estos contactos que conocieran a la persona que se escondía tras la figura del heredero, que conocieran al joven Alfonso de Borbón con el convencimiento de que el Príncipe ganaba en las distancias cortas con su inteligencia y don de gentes. Pero la labor de Guillermo Morphy en Viena iba incluso más allá, como se refleja en la correspondencia que mantuvo con Isabel II mientras duró su estancia en la capital austríaca.  El intercambio de misivas entre Morphy e Isabel II es abundante puesto que él la escribe todos los miércoles puntualmente durante los más de dos años de curso escolar que Don Alfonso pasa en Viena. De eso modo Don Guillermo le ponía al tanto de absolutamente todo lo que acontecía alrededor de la figura de su hijo. Sobre sus cometidos allí Morphy incluye un simpático párrafo en su carta del 13 de Marzo de 1872:

“Yo estoy aquí, como dicen las criadas de nuestra tierra, a lo que se ofrece. Tan pronto hago de sastre como de zapatero, de ayuda de cámara, de gentilhombre, de chico de 12 años y cuando hiciera falta de hombre de carácter y energía. Vivo como un colegial, lo cual en efecto no es muy alegre a mi edad; pero la esperanza de que puedo ser útil a mi país y a VM me hacen llevar tranquilamente mi situación”.(²)

En estas cartas Guillermo habla fundamentalmente de su pupilo; de sus avances académicos, sus visitas y convites a las mesas de la aristocracia vienesa, de sus  excursiones dominicales y también de asuntos más mundanos para un muchacho de apenas 14 años: si ya le sale o no el bigote, si crece mucho o se fortalece. También de una manera más velada y discreta Morphy mencionará a la madre los primeros escarceos amorosos del Príncipe y su primer enamoramiento de su prima Mercedes a quien Don Guillermo llama “la Señora de sus pensamientos” (3).

Desde Enero de 1872 hasta Julio de 1874 Alfonso y Morphy permanecerán en el Teresiano, con los consiguientes períodos de descanso veraniegos. Cuando el Príncipe finaliza sus estudios en Austria y se traslada a Inglaterra al término del verano de 1874 para iniciar su formación militar en la Academia de Sandhurst ya no le acompañará Morphy. Al ser civil, tanto la Reina Isabel como don José Osorio, duque de Sesto, que en esos momentos ejerce de Jefe Superior de Cuarto de Su Alteza, consideran necesario que no sea él sino un militar el que acompañe a Alfonso de Borbón como preceptor en esta nueva etapa de su vida. Nombran a la sazón al coronel Juan de Velasco. Pero Alfonso, que extraña a su leal y fiel compañero, solicita que a partir del mes de Enero de nuevo se reúna con él en Gran Bretaña. Y así se lo indica a su madre en una carta: “Muchas gracias de nuevo por lo que me prometistes (sic) de arreglar la cuestión de Morphy” (4).

Sin embargo nunca se llevará a cabo tal encuentro en Sandhurst. Durante las Navidades de aquel año el Príncipe vuelve a París a pasar unos días con su madre y hermanas. Jamás volverá a Inglaterra. La noche del 30 de Diciembre, mientras se prepara para acudir al Teatro de la Ópera, Alfonso recibe un billetito anónimo que con letra femenina le anuncia lo siguiente: “Sir, Votre Majesté a eté proclamée Roi, hier soir pour l’Armée espagnole. Vive le Roi!”. (5)

A los pocos días el nuevo Rey embarca en Marsella con destino España. Sólo le acompañan unos poquísimos y fieles colaboradores. Por supuesto entre ellos se encuentra Guillermo Morphy (6). Alfonso no duda ni un momento en nombrarle su secretario personal por su lealtad y fidelidad demostradas a lo largo de tantos años.

Alfonso
Alfonso de Borbón en sus años de estudiante. Fotografía de Debás. Archivo de la autora.

Mucho se ha hablado de la relación entre el duque de Sesto y el Rey Alfonso XII. Se le ha calificado como el sustituto del padre que nunca tuvo realmente. No podemos olvidar que José Osorio pagó de su bolsillo buena parte del sustento de la familia real en el exilio y dedicó mucha de su fortuna, casi toda, a la causa alfonsina dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero en la soledad de los días vieneses al lado del Príncipe Alfonso siempre estaba Morphy y no Sesto. Era el duque, como ya hemos mencionado, Jefe del Cuarto de Su Alteza y le visitaba regularmente viajando desde París pero no vivía con él su día a día, ni sufría sus preocupaciones, ni estaba a su lado en los momentos peores. Quizás sí que Morphy fuera para Alfonso una figura más parecida a la paterna, de la que siempre careció en su vida, mucho más que la del duque de Sesto.

Guillermo Morphy fue secretario personal del Rey desde el primero hasta el último día de su reinado y en el año 1882 Alfonso le concede el título de Conde de Morphy como reconocimiento a su trabajo, lealtad y dedicación. De aquellos años tenemos algunos testimonios de primera mano que nos acercan algo más a la figura del secretario del Rey. Una de ellas es la de Paul Vasili (seudónimo de la escritora Juliette Adam)  que se refiere a don Guillermo en los siguientes términos: “El Sr. Conde de Morphy es uno de los hombres más ilustrados y seductores que he conocido. Podría influenciar en el espíritu del soberano que él ha conocido desde niño y acompañado en el exilio, pero su reserva iguala a su mérito. En todas partes hacen justicia a la actitud de este hombre honesto, cuyo título de conde es la menor recompensa que podría ofrecérsele. Excelente músico, él ama todo lo que se relaciona con el arte divino. Su ocio está dedicado a hacer música, rodeado de un escogido círculo de literatos y poetas. Organiza conciertos y protege a artistas desconocidos o desventurados. Nadie en España ha criticado jamás a Guillermo Morphy ni ha cuestionado los méritos de este hombre excepcional.” (7).

Don Guillermo también aparece mencionado en las memorias de otro personaje influyente en la época: Julio Benalúa. Sobrino y ahijado del duque de Sesto y amigo íntimo del Alfonso XII se refiere al músico como “Hombre absolutamente educado en los principios constitucionales y aunque con el mayor respeto a los reyes tenía la lealtad de manifestar siempre honradamente el respeto a la dignidad de los pueblos, sin la cual es difícil gobernar a la raza castellana”. (8)

Durante el reinado de don Alfonso, Morphy también se caracteriza por ayudar y promocionar a jóvenes músicos desconocidos. Un ejemplo de ellos será Isaac Albéniz. Fue el propio don Guillermo el que se lo presentó al Rey y por su mediación le pagó una beca para estudiar en el Conservatorio de Bruselas de dónde Morphy tenía tan buen recuerdo.
Por otro lado el ya Conde crea en 1883 el Instituto Filarmónico como alternativa de estudios musicales al Real Conservatorio, cuyo contenido curricular y método de enseñanza se consideraban ya obsoletos. En este nuevo Instituto Filarmónico se impulsaría el estudio de la música con los últimos métodos pedagógicos que ya se utilizaban en los principales conservatorios europeos, salvo el español muy atrasado en ese aspecto. Estos nuevos métodos de estudio estaban muy al hilo de los practicados por la Institución Libre de Enseñanza de Fernando de los Ríos e inspirados también en la Gesellschaft de Viena que Guillermo conocía tan bien por su estancia allí.
En 1883 se pone en marcha la sociedad del nuevo Instituto, firmando el acta fundacional 20 socios, entre ellos varias mujeres que iban a conformar además el principal cuerpo de profesores de la nueva institución.
El Instituto Filarmónico tuvo una muy buena acogida por dos razones: los métodos de enseñanza empleados resultaban novedosos y efectivos, y por otro lado la gratuidad de su inscripción, con lo que acercaban la enseñanza a todas las clases sociales.
Durante su primer curso contó con 50 alumnos y alumnas y 2 veces al año, coincidiendo con los exámenes, la institución programaba conciertos en los que participaban los alumnos más destacados y en los cuales Morphy daba a conocer algunas de sus nuevas composiciones.
Durante los 5 años que estuvo en funcionamiento cumplió su objetivo de impulsar el conocimiento de la música y hacerlo llegar a toda la sociedad.

A lo largo de los casi once años de su reinado, Alfonso XII cuenta, como siempre lo ha hecho, con Morphy a su lado. Pero el Rey muere prematuramente en Noviembre de 1885. Será a consecuencia de ello cuando la carrera musical de Morphy empieza a ser reconocida.
Tras la muerte del Rey finalmente el Conde de Morphy se puede dedicar plenamente al estudio de la música, convirtiéndose en uno de los musicólogos más importantes que ha dado España. En 1892 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como académico de número y durante los últimos años de su vida traduce con mucho éxito al castellano una biografía de Beethoven.

Guillermo de Morphy morirá en Madrid, la cuidad que le vio nacer, el 27 de Agosto de 1899. Como último y póstumo homenaje tres años después se publicará un libro en el que se recogen tantísimos años de estudio y dedicación a la música antigua española con su obra ¨Les luthistes espagnols du XVII siecle¨, el que será el testamento musical de un hombre modesto que antepuso su altísimo sentido del deber y su lealtad a todo.

 

“Ya podéis suponer que la terrible catástrofe que todos lamentamos, la muerte de aquel a quien había consagrado toda mi inteligencia y toda mi vida, no ha dejado en mi alma lugar donde puedan abrigarse vanidosas aspiraciones o estímulos de amor propio” (9)

 


Imagen destacada: Conde de Morphy. Ilustración musical hispano-americana. 21/06/1889. Año II Num. 35.

Imagen Theophile Gautier:  NadarBy PRA (Own work) [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)%5D, via Wikimedia Commons

Notas:

(1) MORPHY, Conde de. Discurso leído ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pgn.5.

(2) Carta de Guillermo Morphy a Isabel II. 13 de Marzo de 1872. Real Academia de la Historia. Sig: 9/6960. Legajo XXI. Nº206.

(3) Carta de Guillermo Morphy a Isabel II. 8 de Marzo de 1873. Real Academia de la Historia. Sig: 9/6960. Legajo XXI. Nº264.

(4) Carta de Alfonso de Borbón a Isabel II. 14 de Agosto de 1874. Real Academia de la Historia. Sig:9/6952. Legajo XIII. Nº 198.

(5) BENALÚA, Conde de. Memorias. Pgn 212.

(6) La relación completa de acompañantes del nuevo Rey la da Benalúa en sus memorias. Op. Cit. Pgn 213.

(7) VASILI, Paul. La société de Madrid. Pgn. 50.

(8) BENALÚA, Conde de. Memorias. Pgn 55.

(9) MORPHY, Conde de. Discurso leído ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pgn.6.

 

Bibliografía:

  • BENALÚA, Conde de. Memorias. Ed. Blass. Madrid. 1924.
  • GARCÍA ÁLVAREZ DE LA VILLA, Beatriz. El Instituto Filarmónico del Conde de Morphy y su escuela de Canto en el establecimiento del drama lírico nacional. Cuadernos de Música Iberoamericana. Vol. 29. Enero-Diciembre 2016.
  • La Ilustración Española y Americana. Madrid 15/02/1875. Año XIX. Nº 6.
  • MORPHY, Conde de. Discursos leídos ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Imprenta de Manuel Tello. Madrid 1892.
  • VASILI, Paul. La société de Madrid. Nouvelle revue. París 1886.

 

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