Acontecimientos

La rebelión de las mantillas.

Cosa habitual en los años 70 del siglo XIX en Madrid era pasearse en coche de caballos al caer la tarde por el Salón del Prado. Allí acudían puntualmente aquellos personajes llamados vulgarmente “igilís“, la high life de la villa, de los que ya hemos hablado en otras ocasiones. Y allí tuvo lugar un curioso episodio durante los días 20,21 y 22 de Marzo de 1871; la llamada rebelión de las mantillas.

En aquel año nuestro país vive un momento extraño, una especie de oasis aparente en ese convulso período que fue el XIX. Hace apenas unos meses que ostenta la Corona de España un italiano que tiempo atrás jamás habría pensado en sentarse en el trono de San Fernando: Amadeo de Saboya, o Amadeo I como habría que llamarle propiamente. Pone el pie en Madrid horas después de que Juan Prim, su más importante y casi único valedor, muera por las heridas causadas en el famoso atentado de la antigua calle del Turco (hoy Marqués de Cubas). Mal, muy mal empezó el pobre Amadeo su estancia en España. Entre los adversarios del nuevo rey se encontraban los republicanos, los carlistas y los alfonsinos; y de entre estos últimos destacarían el matrimonio formado por el duque de Sesto y su esposa Sofía Troubetzkoy.

El 2 de Enero de 1871 el nuevo rey llega a Madrid. Llamarle frío al recibimiento que se le ofreció al duque de Aosta es quedarse muy corto. A medida que recorre las calles se cierran persianas a su paso y los poquísimos que permanecen a la intemperie están allí más por curiosidad que por adhesión. Hay un testimonio maravilloso de la entrada de Amadeo en Madrid, nos la ofrece Julio Benalúa, sobrino y apadrinado del duque de Sesto, que desde el palacio de su tío en la calle Alcalá nos narra la siguiente escena:

“Se convino (…) que todos los balcones estuviesen solitarios y cerrados, no sólo sus vidrieras, sino hasta las maderas, y nosotros, la gente joven, en nuestro afán de curiosidad, recuerdo muy bien que asomado por la rendija de una persiana del piso segundo vi el espectáculo.

(…) Al cabo de dos minutos, apareció la figura del nuevo Rey, sólo y enteramente aislado. No se me borrará nunca de la imaginación aquella figura sobre el plano de nieve que presentaba la calle de Alcalá. Sobre un soberbio caballo alazán, aquel hombre de barba negra, vestido con el uniforme de gala de Capitán General español, que se esforzaba honradamente en traducir su serenidad en aquellos momentos, saludando de una manera típica que le vi reproducir algunas veces al quitarse el sombrero ante el público.”(¹)

cibeles
Vista de la calle Alcalá desde la Plaza de Cibeles. A la izquierda el Palacio del duque de Sesto desaparecido en 1884.

Mientras el nuevo Rey se aclimata a su nueva Patria y a su nuevo cargo, no sin grandes dificultades, su esposa permanece en Italia. No será hasta el 17 de Marzo que desembarque en Alicante para emprender inmediatamente viaje a la capital. La nueva Reina de España lleva por nombre María Vittoria del Pozzo, princesa de la Cisterna. Es evidente que con ese nombre las chanzas y burlas fueron inmediatamente de boca en boca por los mentideros matritenses, en especial esas que hablaban de la salud reumática de la nueva soberana.

Ante el rechazo de la aristocracia, los Saboya abrieron las puertas de la Corte a los intelectuales, y fundaron la Cruz de María Victoria, con la que se reconocían los méritos de músicos y científicos. Quizás era todo demasiado moderno y avanzado para la vieja España.

Las intenciones poco amistosas de las damas alfonsinas hacia doña María Victoria quedaron claras desde el mismo momento en que ninguna de ellas, entre las que se encontraban las más granadas Grandezas de España, accedió a convertirse en su camarera mayor. El dudoso privilegio recayó tras varias negativas de otras señoras en la duquesa de la Torre, esposa del General Serrano, tal vez por eso de que su marido fue una de las cabezas visibles de la llamada Gloriosa Revolución que derrocó a los Borbones en 1868 (un hombre de ida y vuelta habría que llamarle por aquello de que años antes de destronar a Isabel II fue uno de sus primeros amantes).

REina Maria Victoria
Reina María Victoria del Pozzo

A los dos días de la llegada de doña María Victoria a Madrid el duque de Sesto, José Ossorio, celebra su onomástica en su palacio acudiendo el “todo Madrid” alfonsino. Mientras los hombres hablan de política en otro de sus salones, la duquesa Troubetzkoy expone al resto de damas sus planes para hacer elocuente el rechazo a la nueva soberana. Llegan al acuerdo todas ellas de acudir al día siguiente, como cada tarde, a su habitual paseo en coche por el Prado pero como novedad se presentarían tocadas con mantilla española, prenda que ya se encontraba casi en desuso en la época, como reivindicación de lo patrio y como modo de hacer visible su disconformidad con el hecho de que una reina extranjera ocupara el trono.  Además,  para evidenciar aún más su posición, muchas de ellas anuncian que dichas mantillas las prenderán con alfileres en forma de flor de lis, el inequívoco símbolo borbónico. La rebelión de las mantillas está en marcha, pero a veces no todo resulta como se planifica en un principio…

 


Notas: (¹) BENALÚA, Conde de. Memorias. Pgn 84

Imagen destacada: Entrada en Palacio de SM la Reina doña María Victoria el 19 de Marzo de 1871La Ilustración Española y Americana. (5 de Abril de 1871).

 

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1 comentario en “La rebelión de las mantillas.”

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